El regreso al faro fue silencioso, pero la tensión se sentía como una tormenta contenida. Lykos caminaba firme, con la mandíbula apretada y el pecho ardiendo por el peso de la responsabilidad. A su lado, Vania apenas hablaba, sus ojos escrutando cada sombra, cada movimiento de la bruma que se aferraba a la costa. Los guardianes veteranos que los acompañaban se mantenían alerta, respirando en sincronía con el mar que parecía contener la re