El sol había terminado de trepar sobre el horizonte, tiñendo de ámbar las murallas de Luminaria. El faro proyectaba un resplandor silencioso, como si quisiera recordar a todos que incluso en medio del juicio, la ciudad no podía permitirse apagar su guía.
Los tres círculos concéntricos donde se habían reunido vampiros, lobunos y humanos ardían en murmullos contenidos. Cada palabra era un cuchillo, cada mirada un juicio antes del juicio. El pregonero levantó el báculo una vez más