Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche había sido devorada por un amanecer cristalino. El cielo, despejado y sin rastros de niebla, se extendía como un lienzo azul pálido sobre la ciudad que alguna vez tembló bajo sombras. Los primeros rayos del sol acariciaban los tejados aún húmedos por el rocío, y el aire fresco traía consigo el aroma salobre del mar, ahora sin espuma gris ni presagios oscuros.
En la plaza central, la más antigua de la ciudad, resonaban pasos firmes sobre el empedrado milenario. Columnas de gr






