El sedán negro blindado avanzaba de regreso hacia la Torre Vardan en medio del denso tráfico de la tarde del rincón financiero.
Me encontraba recostada contra los asientos de cuero italiano del vehículo, manteniendo mi mirada implacable en los reflejos geométricos de las avenidas principales que se proyectaban en el cristal oscuro. Ajusté los puños de mi blusa de seda fina con dedos, intentando calmar el latido desbocado y la agitación que el round telefónico con Ezra me había dejado en el cue