Las luces de la ciudad centelleaban a través del ventanal como una red de datos digitales que monitoreaba nuestra inminente destrucción de mercado.
Permanecí de pie en el centro de la recámara principal del sector sur, sintiendo el suelo helado bajo mis tacones altos mientras la adrenalina corría de forma destructiva por mis venas. Debido a la inundación que mantenía clausurada mi suite norte, este espacio cerrado se había convertido en nuestro búnker forzado de operaciones.
Ezra caminaba de un