Las horas de la tarde avanzaron en el distrito financiero bajo una atmósfera cargada de una electricidad asfixiante.
Los asistentes ejecutivos enviados por Ezra desde la Torre Vardan no habían abandonado sus puestos en la gran mesa de corte, aplicando una vigilancia y observación implacable sobre cada uno de mis movimientos laborales. La planta de costura trabajaba a un ritmo acelerado entre el ruido sordo de las máquinas, pero la sombra del holding hotelero de París volvía el aire denso, calie