Mundo ficciónIniciar sesiónEl aroma del café recién hecho se mezclaba con el de pan tibio y frutas frescas. Sophie se envolvió en la camisa de Damien, blanca y demasiado grande para ella, que le caía hasta mitad del muslo. El tejido era suave, con ese olor tan suyo —madera, whisky y algo oscuro que no lograba definir—. Caminó descalza hasta llegar al comedor.
La mesa estaba servida con una precisión casi artística: dos platos grandes con huevos revuelt







