Capítulo 51

El reloj marcaba la medianoche. La sala estaba apenas iluminada por las luces de la ciudad que entraban por los ventanales, recortando sus figuras en siluetas doradas. Sophie caminó hasta el sofá y se dejó caer, cansada, con los ojos húmedos.

—Nunca firmé para esto —dijo con voz temblorosa—. Para ser perseguida por la prensa. Para sentirme un peón en tu juego.

Damien la miró desde el otro extremo del salón, con las manos en los bolsillos, el rostro en sombras.

—Yo tampoco e

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