Capitulo 20

El domingo amaneció tibio y perfumado, con esa quietud que solo los días sin escuela sabían regalar. Una brisa cálida se colaba por los ventanales del ala sur de la mansión Santillana, moviendo las cortinas como si danzaran en cámara lenta. La luz del sol bañaba los pisos de mármol con reflejos dorados, y en la cocina, un aroma suave a vainilla comenzaba a instalarse tímidamente entre los muebles blancos y los estantes de madera clara.

Ana Lucía se ajustó el delantal con una sonrisa mientras Em
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