Capitulo 165

El tercer día amaneció sin colores. El hospital parecía un mundo suspendido entre el sueño y la vigilia, donde las horas no se medían por relojes, sino por el pitido acompasado de los monitores y el goteo monótono de los sueros. Afuera, la ciudad se agitaba con su rutina; adentro, en la habitación 307, el tiempo parecía haberse detenido.

El aire tenía ese olor penetrante y frío del desinfectante, mezclado con el tenue perfume metálico de las máquinas. Los tubos, las mangueras y las bolsas transparentes componían un paisaje artificial en el que Ana Lucía era el centro inmóvil: su cuerpo aún pálido, los labios secos, el pecho elevándose apenas gracias al respirador.

Maximiliano llevaba tres noches enteras velando su sueño. Se negaba a apartarse más de unos minutos, como si en cualquier instante pudiera despertar y lo primero que quisiera ver fuese su rostro. La barba le había crecido desordenada, los ojos estaban enrojecidos, y aun así, su mano permanecía firme, enlazada a la de ella.

D
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP