Audiencia final.
La sala estaba impregnada de un silencio tenso, como si el aire mismo supiera que esa tarde no habría vuelta atrás. Las paredes color beige, austeras y frías, parecían estrecharse alrededor de todos los presentes. El murmullo lejano de los pasillos se colaba apenas cuando alguien abría la puerta, pero dentro, el reloj de pared dominaba con su tic-tac constante, recordando a cada uno que los segundos pasaban, que el momento decisivo estaba por llegar.
Catalina estaba sentada con