Días después...
La mansión Santillana estaba sumida en un silencio extraño aquella tarde. La lluvia había cesado hacía apenas unos minutos, pero el aire seguía impregnado de humedad. Un aroma a tierra mojada entraba por los ventanales entreabiertos del salón principal, mezclándose con el olor tenue de cera de muebles recién lustrados. Afuera, el jardín parecía un cuadro melancólico: el césped aún brillaba con gotas atrapadas en cada hoja, y los árboles se mecían con un viento suave, como murmur