Capitulo 148

El amanecer llegó con una calma engañosa. El cielo, teñido de tonos pálidos, parecía sostener la promesa de un día tranquilo, pero Maximiliano sabía que esa calma era apenas el preludio de una guerra silenciosa. La noche anterior había tomado una decisión: daría su primer movimiento contra Catalina. No podía seguir esperando, no cuando veía cada día cómo su hija se marchitaba entre silencios, llantos contenidos y miradas cargadas de miedo.

El apartamento estaba en silencio, salvo por el sonido
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