La tarde se cerraba sobre la ciudad con un cielo pesado, cubierto de nubes plomizas que anunciaban tormenta. El aire cargado de humedad se filtraba por las ventanas abiertas de la mansión Santillana, trayendo consigo el murmullo lejano de un trueno.
Catalina caminaba de un lado para otro, su mente maquinando como hacer para lograr quitarle la custodia de Emma, ella no tenía idea de que ya estaba perdiendo, que sus planes macabros ya no funcionaban del todo. Estaba en su habitación, como dueña y