Días después...
La tarde caía lentamente sobre la ciudad, tiñendo las calles con un tono anaranjado que parecía suavizarlo todo, excepto el ambiente dentro de la mansión Santillana. Afuera, el murmullo lejano del tráfico se mezclaba con el canto apagado de unos pájaros que buscaban refugio en los árboles. Adentro, el aire parecía más denso, cargado con ese silencio incómodo que se instala en un lugar donde las tensiones llevan demasiado tiempo acumulándose.
Francisco Aranguren llegó sin previo