La luz de la mañana se filtraba a través de las cortinas blancas del dormitorio, proyectando un resplandor suave sobre las paredes recién pintadas. Ana Lucía abrió los ojos lentamente, sin la prisa de otros días, pero con esa sensación incómoda en el pecho que deja la soledad cuando todavía no se ha aprendido a convivir con ella.
El apartamento estaba en silencio. Demasiado. Se incorporó en la cama, y el eco leve de sus propios movimientos le recordó que ya no estaba en la casa de su abuela, do