Después del incidente en el colegio, un silencio extraño se apoderó de la mansión. Ni el canto lejano de los pájaros que solían posarse en las bugambilias del jardín lograba suavizar la sensación de tensión que flotaba en el aire. Maximiliano ya había decidido que no diría nada a Ana Lucía sobre lo ocurrido. No quería verla preocupada, ni mucho menos cargarla con el peso de una culpa que no le pertenecía.
En la habitación de Emma, la luz entraba filtrada por las cortinas blancas, dibujando onda