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Cien Años de Manzanas"

Cien años exactos después de aquella noche legendaria.

La colina estaba llena de vida. Miles de personas habían acudido al centenario del “Día de la Indomable”. El anfiteatro natural rebosaba de gente de todas las edades, razas y planos. En el centro del escenario, bajo una lluvia de luces doradas, Lira VII, de veintitrés años, sostenía una manzana dorada en la mano.

Era la séptima generación que llevaba el nombre. Alta, de cabello negro salvaje y ojos que brillaban con vetas plateadas, era la viva imagen de su tatarabuela.

—Hace exactamente cien años —comenzó con voz clara y emotiva—, una mujer entró completamente desnuda en la torre más alta del mundo. No tenía nombre, no tenía poder, no tenía miedo. Solo tenía una manzana… y una voluntad indomable. Esa mujer se llamaba Lira Sol. Y esa noche, cambió el destino de la humanidad.

La multitud guardó un silencio reverente.

Lira VII continuó contando la historia completa: la intrusión, el primer beso, las traiciones, las batallas, los nacimientos, las despedidas y los reencuentros. Cuando llegó a la parte donde Kael y Lira se reencontraron después de la muerte, muchas personas lloraban.

Al terminar, levantó la manzana dorada hacia el cielo.

—Esta manzana no es solo fruta. Es un símbolo. Un recordatorio de que una sola persona, cuando ama sin miedo, puede romper todos los esquemas del universo.

Mordió la manzana frente a todos.

En ese instante, una suave luz dorada envolvió el anfiteatro. No era un truco. Era real. La presencia de Kael y Lira se manifestó por unos segundos para toda la multitud: dos figuras luminosas, jóvenes y radiantes, tomados de la mano.

La gente contuvo el aliento.

Lira Sol sonrió y levantó una mano en señal de saludo. Kael Voss inclinó ligeramente la cabeza con esa elegancia imponente que lo caracterizaba.

Luego, las figuras se desvanecieron en una lluvia de partículas doradas que cayeron sobre el público como bendición.

Lira VII sonrió con lágrimas en los ojos.

—Ellos nunca se fueron. Siguen aquí. En cada uno de nosotros.

Esa noche, la familia se reunió en privado en la casa de la colina. Cuatro generaciones completas estaban presentes. Kai ya no estaba, pero su legado vivía en cada rostro.

Lira VII se acercó a su madre y le entregó una manzana fresca.

—Para ti, mamá. La bisabuela me dijo que te la diera.

Su madre la tomó con emoción.

Más tarde, Lira VII y su pareja se escaparon al viejo roble. Se desnudaron bajo las estrellas y se amaron con la misma pasión que había definido a su familia durante un siglo. Él la tomó contra el tronco del árbol, penetrándola con fuerza mientras ella gemía su nombre. Sus cuerpos se movían con el fuego heredado, con el mismo deseo indomable.

Cuando terminaron, se quedaron abrazados sobre la hierba.

—Quiero que nuestro hijo nazca libre —susurró Lira VII.

—Nacerá libre —respondió él—. Porque esa es la herencia que nos dejaron.

En el plano eterno, Lira Sol y Kael Voss observaban todo con el corazón rebosante de alegría.

—Cien años —dijo Lira—. Y siguen siendo indomables.

Kael la abrazó por detrás y besó su cuello.

—Porque tú les diste el ejemplo. Yo solo les di un mundo donde pudieran brillar.

Se besaron lentamente, eternos, radiantes y profundamente enamorados.

Al amanecer, Lira VII encontró una nueva manzana dorada sobre su escritorio. Junto a ella, una nota luminosa:

“Cien años después…

y el fuego sigue ardiendo.

Sigan amando.

Sigan rompiendo.

Sigan viviendo.

Estamos con vosotros.

Siempre.

— L & K”

Lira VII tomó la manzana, le dio un mordisco grande y sonrió al viento.

—Gracias, abuelos. Lo seguiremos haciendo.

Y así, cien años después, la historia del CEO y la Indomable no era solo una leyenda.

Era una forma de vida.

Una promesa.

Un fuego que nunca se apagaría.

Lira VII se quedó mirando la nota luminosa durante largo rato. Las letras doradas brillaban suavemente antes de desvanecerse, dejando solo el aroma a manzana fresca en el aire. Tomó la fruta y le dio otro mordisco, saboreando su dulzura.

Al día siguiente, durante la gran ceremonia del centenario, subió nuevamente al escenario. Esta vez no estaba sola. A su lado estaban sus padres, sus abuelos y varios miembros de la familia que aún vivían. La multitud era enorme, miles de personas llenaban el anfiteatro y las colinas circundantes.

—Hoy no solo celebramos cien años —dijo con voz emocionada—. Celebramos que una sola decisión, un solo acto de rebeldía, puede generar un legado que trasciende generaciones. Mis bisabuelos no nos dejaron riquezas ni poder. Nos dejaron algo mucho más valioso: la libertad de elegir quiénes queremos ser.

Hizo una pausa y levantó la manzana dorada.

—Esta manzana no es solo un símbolo. Es un recordatorio. Cada vez que muerdan una, recuerden que una mujer desnuda, sin nada más que su coraje, cambió el curso de la historia. Y que un hombre que lo tenía todo, se atrevió a perderlo todo por amor.

La multitud aplaudió con fuerza. Muchos levantaron sus propias manzanas en alto.

Después del evento, la familia se reunió en privado bajo el viejo roble. Lira VII se acercó a su bisabuela Luna, quien ya tenía ciento tres años pero conservaba una mirada lúcida y llena de amor.

—Bisabuela… ¿qué les dirías a las nuevas generaciones?

Luna sonrió con ternura y tomó la mano de su bisnieta.

—Que amen sin miedo. Que rompan las reglas cuando sea necesario. Y que nunca, nunca dejen que alguien les diga cómo deben vivir su historia.

Esa noche, mientras la familia dormía, Lira VII y su pareja se escaparon al mismo lugar donde tantas generaciones anteriores se habían amado. Se desnudaron bajo la luz de la luna y se entregaron el uno al otro con pasión y reverencia. Sus cuerpos se movieron con el mismo fuego heredado, gimiendo nombres y promesas bajo las estrellas.

Cuando terminaron, se quedaron abrazados sobre la hierba.

—Quiero que nuestro hijo nazca aquí —susurró Lira VII—. En esta colina. Bajo este mismo árbol.

Su pareja besó su frente.

—Entonces nacerá rodeado de historia y de amor.

En el plano eterno, Lira Sol y Kael Voss observaban la escena con el corazón rebosante.

—Cien años —dijo Lira con emoción—. Y siguen eligiendo amarse.

Kael la abrazó con fuerza.

—Porque eso es lo que les enseñamos. Que el amor verdadero no se apaga. Solo se multiplica.

Se besaron una vez más, eternos, radiantes y profundamente enamorados, mientras veían cómo su legado seguía expandiéndose.

Al amanecer, Lira VII encontró una nueva manzana dorada sobre su escritorio. Junto a ella, una nota final:

“Cien años después…

y el fuego sigue ardiendo.

Sigan amando sin miedo.

Sigan rompiendo esquemas.

Sigan siendo indomables.

Estamos con vosotros.

Siempre.

— L & K”

Lira VII tomó la manzana, le dio un mordisco grande y sonrió al viento.

—Gracias, abuelos. Lo haremos. Lo seguiremos haciendo.

Y así, cien años después, la historia del CEO y la Indomable no era solo una leyenda del pasado.

Era el presente.

Era el futuro.

Era una forma de vivir.

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