Cien años exactos después de aquella noche legendaria.
La colina estaba llena de vida. Miles de personas habían acudido al centenario del “Día de la Indomable”. El anfiteatro natural rebosaba de gente de todas las edades, razas y planos. En el centro del escenario, bajo una lluvia de luces doradas, Lira VII, de veintitrés años, sostenía una manzana dorada en la mano.
Era la séptima generación que llevaba el nombre. Alta, de cabello negro salvaje y ojos que brillaban con vetas plateadas, era la