Cuatrocientos noventa años después de aquella noche que lo cambió todo.
La nave generacional Indomable I surcaba el espacio interestelar en un silencio casi sagrado. Los árboles dorados crecían en los invernaderos internos, adaptados a la radiación y la baja gravedad. Ya no eran solo símbolos. Eran parte del sistema de soporte vital de la nave.
Lira XL, de treinta y un años, estaba de pie en la Sala de Observación Primaria, mirando la oscuridad infinita. Su cabello negro flotaba con elegancia e