El sol apenas se asomaba entre las montañas, tiñendo el cielo de un suave tono anaranjado. Nicolás se despertó temprano, como cada mañana desde su recuperación. Había algo en el silencio de la montaña que lo hacía sentir en paz, aunque esa paz era frágil, siempre amenazada por las sombras de su pasado. Pero esa mañana era diferente. Después de semanas de reflexión y largas noches de insomnio, Nicolás supo que era hora de moverse. No podía seguir atrapado en un lugar donde la bondad de los demás