El viento helado rugía a través de las montañas, aullando como un lobo hambriento. Nicolás, cubierto con una manta vieja y raída, se encontraba tumbado en el suelo de su cabaña. Cada respiración era una lucha, cada inhalación quemaba sus pulmones como si estuviera tragando fuego. Su cuerpo temblaba incontrolablemente, y el sudor empapaba su frente. No sabía cuánto tiempo había estado así, días quizás, o tal vez semanas. El tiempo había perdido su significado en este lugar olvidado por el mundo.