El asfalto de la autovía A-4 estaba cuarteado, reclamado por la maleza y los esqueletos de coches eléctricos abandonados que servían como monumentos mudos al gran apagón orbital. Caminábamos en silencio, con el sol de Castilla castigando nuestras nucas. El agua que habíamos obtenido en la granja solar era nuestro tesoro más preciado, pero nuestras raciones de comida se reducían a unas pocas barras de cereales rancias.
—Si el mapa de tu madre es correcto, el Nodo de Madrid no está en el centro d