La Catedral de Burgos no era solo un templo; en la oscuridad de la noche, parecía una fortaleza de sombras diseñada para guardar secretos que los hombres ya no podían comprender. Sor Clara y yo nos movíamos como fantasmas por el trascoro, evitando las zonas donde la luz de la luna se filtraba por las vidrieras rotas. Afuera, el caos estallaba en la Plaza del Rey San Fernando: las bengalas de Liam y Marcus iluminaban el cielo con un rojo sangriento, distrayendo a las patrullas de la Alianza de H