El regreso a la suite presidencial esa noche no se sintió como el retorno de una guerrera victoriosa, sino como el refugio de dos náufragos que finalmente habían tocado tierra firme. El silencio ya no era tenso; era un espacio compartido donde las respiraciones de ambos marcaban el ritmo de una paz recién estrenada.
Liam dejó las llaves sobre la mesa de mármol y se quitó el saco, arrojándolo sobre el sofá con un descuido que nunca se habría permitido antes. Se veía agotado, pero había una luz e