El edificio del Consejo de Ancianos era una reliquia de piedra y hierro en el corazón del distrito financiero, un lugar donde las leyes de la sangre pesaban más que las del Estado. Entramos bajo una lluvia fina que calaba hasta los huesos, un eco persistente de aquella noche en la que Liam me dejó atrás. Pero hoy, él no caminaba delante de mí; caminaba a mi lado, con su mano apoyada en la base de mi espalda, un gesto de protección que se sentía extrañamente natural.
En el centro del salón circu