Bruno
Joder.
Esta mujer me tiene enfermo y lo sabe.
Cindy se mueve con lentitud, disfrutando de su pequeño juego. Rodea la silla en la que estoy sentado, sus dedos deslizándose sobre el respaldo mientras me observa con esa mirada que me quema. Yo solo la sigo con la vista, inmóvil, dejando que crea que tiene el control.
—Dime, Bruno… —su voz es suave, sensual—. ¿Cuál ha sido tu crimen más grande?
Apoyo la espalda contra la silla, relajado, con una media sonrisa que no llega a suavizar mi e