Bruno Delacroix
Yo la observé un momento más, evaluando sus gestos, su incomodidad. No la culpaba por querer divertirse, siendo honesto verla bien era lo único que me interesaba. La sujeté de la muñeca moviéndola a la zona de pago.
—Haz dicho que invitabas —simplifiqué—. Paga, que nos vamos.
Ella me miró como si esperara que le reclamara, y yo desvié la vista buscando tantear algún movimiento extraño.
Cuando finalmente terminó, se giró hacia mí. Su andar era más pausado ahora, más contenido. L