La semana había pasado entre susurros y miradas cómplices. Greeicy ya no era la muchacha nerviosa y a veces grosera que levantaba murallas para ocultar lo que sentía. Dylan había logrado derribar, poco a poco, cada una de esas defensas, y ahora caminaban juntos sin necesidad de esconder nada.
En la ciudad, los flashes no se hacían esperar. Cada vez que salían a algún restaurante, a una reunión o simplemente a recorrer una calle concurrida, las cámaras se levantaban. La diferencia estaba en Dyla