El murmullo en el salón no cedía; era un río constante de risas ahogadas, copas que tintineaban y el click lejano de las cámaras que seguía alimentando la atmósfera como un insecto luminoso que no dejaba de zumbear. Greeicy se mantuvo erguida, perfecta en su vestido, la tela rozando la silla de ruedas con un susurro casi íntimo. Valentina jugueteaba con la orilla del vestido, distraída y confiada, su risa era una burbuja que escapaba con facilidad.
Dylan, que había estado observando todo con la