Mundo ficciónIniciar sesiónLa brisa de la tarde se colaba por los ventanales del ala este de la mansión Montenegro, removiendo levemente las cortinas de lino y esparciendo el aroma de los rosales recién regados. El cielo estaba teñido de naranjas y rosados, como si también quisiera ser testigo de algo que estaba por suceder. Afuera, el jardín brillaba con una luz dorada que hacía relucir cada hoja, cada pétalo, como si la casa misma respirara con expectación.
Dylan la había seguido con la mirada durante toda l






