Aiden White observó el nombre de Paris Storm parpadear en la pantalla de su teléfono. Su respiración se detuvo un instante. Sabía que esa llamada llegaría. Sabía que no podía evitarla, pero también que cualquier palabra mal dicha sería suficiente para que todo se desmoronara.
—Paris —respondió al fin, con la voz baja, casi contenida—. No es momento para hablar.
—¡Pues haz que lo sea! —replicó ella, furiosa, con esa firmeza que lo atraía y lo destruía al mismo tiempo—. Estoy camino a la mansión,