Mientras tanto en la mansión. Paris lo miró con los ojos humedecidos, pero dentro de ellos algo más se agitaba, algo antiguo que aún no tenía voz. —Aiden, siento que debo estar a tu lado. No sé por qué, pero lo siento en mi alma. Él se negó despacio. —No, Paris. Jamás permitiré que una mujer como tú se involucre en estos asuntos. No después de lo que ocurrió.
—¿Después de qué? —preguntó ella, con un tono apenas audible.
Aiden la miró, dudando. —Porque en mi pasado más reciente hubo una loba pla