El bosque parecía contener la respiración cuando Samantha dio el primer paso hacia Violette. No fue un avance común. Fue un desafío.
La tierra húmeda crujió bajo sus garras mientras la noche se cerraba en torno a ellas, espesa, cargada de una energía que parecía ya no pertenecer a ese tiempo. Violette movió la cabeza, observándola con una sonrisa torcida, una de esas que no anuncian pelea sino ¡masacre!
—Eres lenta —dijo Violette con desdén—. Siempre lo han sido los que creen que la fuerza bast