Scarleth abandonó la erección poderosa de Aiden, brillante y húmeda, un gemido de necesidad escapando de los labios de Paris. —¡Más! —suplicó Aiden, su voz ronca de deseo.
Scarleth sonrió, una expresión de pura arrogancia en el rostro de Paris. —Eso no fue más que un aperitivo, querido Alpha. Deseo sentirme plena, que este acto sea más que sexo. Será un ritual de transformación.
Aiden, luchando por recuperar el control, le habló con voz firme. —¿Qué haces? Déjame guiarte como yo lo deseo.
La risa de Scarleth fue baja y seductora. —Oh, lo harás, Aiden. Pero a mi manera. A mi antojo.
Con una orden silenciosa, le indicó que se recostara. Él obedeció, y ella se colocó sobre él, en una posición inversa, dejando la apertura de su entrepierna expuesta y disponible justo sobre su boca.
Al mismo tiempo, se sumergió y llevó la totalidad de su virilidad hasta el fondo de su garganta. El calor, la humedad y la sensación de ser tragado por completo hizo que Aiden arqueara la espalda.
Sus manos, li