El silencio que siguió a la propuesta de Scarlet fue tan denso que parecía absorber la luz. Solo el crujido de las brasas del fuego rompía el aire, proyectando sombras inquietas sobre los rostros tensos de los presentes.
Sadus se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre las rodillas, su mirada fija en Scarlet. —¿Si esto es una trampa? —dijo con voz grave—, no vivirás para ver la próxima luna llena.
Scarlet arqueó una ceja y soltó una risa baja, casi musical. —¿Trampa? Oh, Sadus… Si quis