La noche avanzaba con una lentitud insoportable, como si incluso el tiempo se negara a acelerar el momento que estaba por nacer. La luna, aún incompleta, ascendía poco a poco por el cielo, pálida, expectante, acercándose a su punto máximo con la paciencia cruel de quien sabe que será testigo de un sacrilegio o de una coronación.
En la habitación principal de la mansión Storm, Scarleth se movía con precisión ritual. Había despojado el cuerpo de Aiden de toda prenda, colocándolo en el centro de l