La ciudad ya no ardía: Ahora convulsionaba.
El ataque de Elias, Sadus y Kaige reforzado por los hermanos de Scarleth, no seguía una lógica humana ni estratégica en apariencia. No se trataba solo de matar o alimentarse. Era una fractura deliberada del orden, un desgarro en la realidad que obligaba a todos los bandos a reaccionar tarde, mal o divididos.
Las calles se llenaron de gritos que no siempre provenían de gargantas humanas; los edificios vibraban con una energía antinatural, como si algo