47. Sombras e Nox Bellum
Los muros de Umbra Noctis habían quedado atrás hacía casi una hora, pero Ailén aún podía sentirlos pegados a la piel, como un eco cálido que se resistía a morir. Ahora, en cambio, la temperatura había descendido gradualmente con cada paso. No era un frío común, sino uno que parecía filtrarse directamente al alma.
El camino descendía en espiral. Las paredes se angostaban a medida que bajaban, cubiertas de inscripciones que se encendían al paso de Raven. Ailén los tocó una vez con los dedos y una