48. Corazones en guerra
La mañana después de su regreso de Nox Bellum fue gris. No llovía, pero el cielo parecía contener las lágrimas del mundo. Ailén se había encerrado en su habitación desde que llegaron. Raven, en cambio, merodeaba por los pasillos como un lobo sin rumbo, intentando hallar algo que no sabía nombrar.
Se cruzaron en el jardín. No había nadie más. Solo ellos y los ecos de lo que aún no habían dicho.
-- Dormiste bien -- murmuró él, sin saber por qué lo dijo.
-- Apenas. Tuve pesadillas. Pero no eran mí