26. Las Consecuencias De La Verdad
La noche había caído como un velo denso sobre el bosque. El aire era húmedo, espeso, casi sólido. La luna apenas era una línea tenue entre las nubes, como si el cielo mismo se negara a presenciar lo que estaba por ocurrir. Ailén caminaba con cautela, rodeada por árboles viejos que crujían con el peso del tiempo y el susurro de los recuerdos. Cada paso que daba era absorbido por la tierra húmeda, y, sin embargo, sentía que su presencia era demasiado ruidosa. Demasiado viva.
Hacía semanas que evi