GRAYSON
El silencio después de aquellas palabras me golpeó como un trueno en medio de la noche. “Felicidades, luna, tendremos un heredero pronto.” Las frases del curandero real aún resonaban en mis oídos como si se tratara de un eco eterno, imposible de desvanecer. Mi respiración se cortó por un instante, y aunque intentaba mantenerme sereno, la tensión en mi cuerpo me traicionaba. Mis manos, fuertes y curtidas por la guerra, temblaban como nunca antes lo habían hecho.
Miré a Azura, tan pálida