Azura
El amanecer del Valle de la Luna no trajo la calidez habitual del sol; trajo una niebla densa, gris y fría que se arrastraba por las faldas de los riscos como un sudario. Había pasado exactamente un día desde que enviamos la misiva, un día de preparativos frenéticos en un silencio sepulcral que crispaba los nervios. El plan se había ejecutado con una precisión milimétrica. Las manadas aliadas, lideradas en las sombras por Saúl y Theo, se habían infiltrado en las cavernas del desfiladero d