Azura
El sol del mediodía caía implacable sobre la gran plaza central del reino, pero no había calidez en su luz; solo una claridad cruda que desnudaba la verdad ante miles de ojos. Las gradas de piedra y los alrededores de la explanada estaban abarrotados. No cabía un alma más. Habían asistido los miembros del consejo, los Alfas de las manadas aliadas, el pueblo que tanto había sufrido y, en primera fila, los supervivientes del norte: aquellas hembras y cachorros que Kael había tratado como me