El amanecer llegó más temprano de lo habitual, como si el día tuviera prisa por comenzar. Clara se despertó con los primeros rayos de luz filtrándose entre las cortinas, y por un instante se quedó acostada, sintiendo cómo su pecho se llenaba de una inusual sensación de certeza. Algo dentro de ella se había asentado la noche anterior, una especie de claridad que ahora la envolvía con suavidad.
Se levantó sin hacer ruido, caminó descalza hasta la cocina y preparó su café como cada mañana. Pero es