Capítulo 7: El silencio que apuñalaba
El coche de Frans se detuvo lentamente frente a la mansión justo cuando el cielo comenzaba a aclararse con los primeros tonos del amanecer.
La lluvia torrencial que había azotado la ciudad durante toda la noche acababa de cesar, dejando charcos sobre el asfalto y un aire helado que parecía colarse hasta lo más profundo de la piel.
Sin pronunciar una sola palabra, Frans abrió la puerta del vehículo y descendió.
Leon, su fiel asistente personal, que lo había