El viaje de regreso a los límites exteriores del territorio de Blood-Crag se sintió como una marcha fúnebre oculta tras cortinas de seda. Las ruedas del carruaje devoraban la arena negra y los senderos de piedra áspera, pero dentro del habitáculo, la atmósfera era tan densa que el aire parecía cortarse con un cuchillo. Yo me mantenía en el asiento frente a Lysander, atenta a cada uno de sus movimientos, a cada parpadeo.
A través de nuestra Unión de Almas, el lazo ya no transmitía aquella clarid