El frío de la noche se filtraba por los ventanales de la torre oeste, haciendo que las llamas de las velas temblaran como si compartieran mi misma angustia humana. El amanecer y la Caza del Alba se aproximaban como una sentencia de muerte para nuestra dinastía. Lysander caminaba de un lado a otro de la alcoba de piedra, con los puños tan apretados que sus uñas clavadas en las palmas dejaban caer gotas de una sangre espesa y peligrosamente oscura sobre la alfombra.
A través del lazo de nuestra U