El silencio regresó a la alcoba real como un verdugo que reclama su espacio tras el bullicio de la plaza. Apenas las pesadas puertas de roble se cerraron detrás de Kael y Dorian, la imponente armadura de arrogancia que Lysander había sostenido frente a Gideon y los guerreros de la manada se desmoronó por completo.
El Alfa Supremo cayó de rodillas sobre la piel de oso que cubría el suelo, soltando un gemido ronco, desgarrador, que no pertenecía a un lobo, sino a una bestia herida de muerte. De s