POV EVIECinco años después...El sol se filtraba entre las copas de los árboles del Valle de la Niebla, un territorio neutral lejos de las garras de la Manada Blood-Crag. Aquí, el aire no olía a traición, sino a pino fresco y a la libertad que tanto me había costado conseguir.—¡Mamá, mira! ¡Félix me está ganando otra vez! —el grito de Cyra rompió el silencio de la mañana.Me giré, apoyada en el umbral de nuestra pequeña cabaña de madera, y una sonrisa involuntaria iluminó mi rostro. Verlos correr era ver mi propio milagro repetirse cada día. Félix, apenas unos minutos mayor, corría con una zancada potente, su pequeño cuerpo ya mostraba la promesa de los músculos que algún día tendría. Su cabello oscuro y revoltoso brillaba bajo el sol, pero eran sus ojos lo que siempre me cortaba el aliento: un gris tormentoso, idéntico al del hombre que nos había desechado como basura.A su lado, Cyra era un torbellino de energía. Aunque era más menuda que su hermano, tenía una agilidad sobrenatura
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