El viento del amanecer golpeaba los árboles del claro central con la fuerza de un látigo helado. Cientos de guerreros de Blood-Crag estaban congregados en perfecta formación, con los pelajes erizados y las respiraciones convertidas en densas columnas de vapor blanco. En el centro del círculo, los siete ancianos del consejo vigilaban desde sus monturas. Gideon mantenía los ojos amarillos fijos en el estrado de piedra, con la paciencia de un verdugo que sabe que el hacha está a punto de caer.
A m